lunes, 24 de febrero de 2014

Las fantasías sexuales más comunes entre las mujeres

El sexo en espacios públicos es una de las fantasías más frecuentes entre las mujeres. (Corbis)
En grupo, mientras otros miran, en espacios públicos, con amantes mucho más jóvenes, con actores, haciendo de dominatrix o de sumisa. Estas son algunas de las fantasías sexuales más comunes entre las mujeres, ya sean jóvenes, mayores, casadas o solteras. Lo cuenta y, sobre todo, lo recrea para deleite del lector, la periodista y escritora (erótica) Celia Blanco en Con dos tacones(La Esfera de los Libros). Disfrutar al máximo del sexo es un arte, tan creativo como necesario y que puede y debe aprenderse. Es más, para la autora,todos tendríamos que tener “la sana costumbre de invertir mucho más tiempo en sexo. Es algo fundamental en nuestras vidas”.
Sin complejos ni tabús, Blanco se regocija en los placeres más íntimos de las mujeres. Con un tono desenfadado, y en ocasiones canalla, narra en forma de historia aquellas fantasías más recurrentes que, aunque poco tienen que ver con convencionalismos e imaginarios construidos en torno al amor romántico, están instauradas en lo más profundo de la psique femenina. Después de interrogar a mujeres de toda edad y condición para documentar los cuentos eróticos que componen el libro, la escritora rompe con un primer mito: las mujeres que más disfrutan en la cama no son las jóvenes, sino las maduritas.
“Las mujeres le cogemos el punto al sexo cuando ya somos mayores, cuando sabemos lo que realmente queremos. Yo, que nunca he tenido problemas en acostarme con quien quisiese, con 20 años me iba a comer el mundo, pero ahora (21 años después) es cuando realmente disfruto de las relaciones sexuales”, asegura Blanco. Quizá por ello cree que la mejor educación sexual no es la que se recibe en los libros o el colegio, sino en la cama. “Las mujeres de entre 35 y 45 años han tenido una educación sexual muy buena, pero porque se preocuparon en encontrarla por ellas mismas”.
Una condición que reúnen, en mayor medida, “las mujeres que fueron universitarias, con profesiones liberales y que empezaron a vivir solas a edades tempranas”. Sin embargo, esta “libertad” ha dejado de ser la norma entre los más jóvenes, y las diferencias generacionales en lo que respecta a esta educación sexual basada en la práctica y la experimentación, observa la autora, comienzan a notarse. “Las jóvenes son menos pudorosas que las mayores, sí, pero que la actual situación no les permita hacer su vida, que sigan sin emanciparse, supone un freno”.
Plenitud sexual en la madurez: “sabemos mejor lo que queremos”
Para Blanco, las mujeres cada vez son más conscientes de que hay vida (sexual) más allá del matrimonio o de la pareja y hoy en día ya es frecuente “sentirse con la fuerza suficiente como para saber que si no somos felices podemos dejar a la persona con la que estamos porque ya no es una rareza divorciarse o dejar a un novio. Muchas mujeres con 50 o 60 años deciden separarse, a pesar de llevar casadas toda la vida, porque saben que el sexo no se limita a una edad o a una condición concreta”.
Ni hablar de príncipes azules. Basta con leer el subtítulo de su obra: Las fantasías sexuales de las mujeres que dejaron de soñar con ser princesas.“Por favor, no necesito que ningún príncipe me corone. A las mujeres nos apetece compartir, gozar y disfrutar de los encuentros sexuales, ya se trate de orgías veraniegas o de un lío con un joven que viaja en el mismo vagón del Ave (en referencia a dos de los cuentos eróticos recogidos en el libro). A mí me cuesta mucho creer en los príncipes azules, pero bueno, nos hemos criado así y eso aún peso mucho”, reconoce.
¿Princesas? ¿Para qué? Se pregunta la autora en la introducción del libro, que anticipa el tono desenfadado, y un tanto canalla, de las historias eróticas que recoge. “Nos transformamos en las protagonistas absolutas de nuestros mejores cuentos, esos en los que nos acostamos con quien nos da la santa gana, sin rendirle cuentas a nadie y sin ninguna necesidad de justificarnos. En vez de un príncipe queremos dos. A veces hasta más de tres. Que nos vean, que nos aten, que se dejen atar. Que haya otras mujeres, que nuestros amantes sean más jóvenes. Que elijamos y sepamos hasta los detalles más escabrosos de nuestra fantasía”.
El novio de la hija de la vecina del quinto
La heterogeneidad de las fantasías sexuales aumenta con la edad, y hay casi tantas como mujeres, pero indudablemente unas se repiten más que otras. “Que nos miren mientras mantenemos relaciones es algo que suele excitar a muchas mujeres, casi tanto como el sexo oral”, que es otro de los placeres siempre presentes en la imaginación femenina. Otra de las fantasías prototípicas: “tener relaciones con otras mujeres”. Sí, los encuentros lésbicos son los reyes de las fantasías femeninas.
Entre las maduras, sobre todo a partir de los 40 años, explica Blanco, “las relaciones sexuales con chicos mucho más jóvenes forman parte del guion de todas sus fantasías. Sea del tipo que sea, siempre tienen como protagonista a un hombre joven”. Para prueba, ‘El novio de la hija de la vecina del quinto’, uno de los cuentos que componen el libro. Sería inútil cualquier intento de reseña. Léanlo. Escandalícense de placer o de conservadurismo. Además, como apunta la autora, “tener fantasías no tiene por qué deberse a que el sexo no funcione bien en la vida real. En la mayoría de los casos, se trata simplemente de buscar una vida sexual diferente a la que ya se tiene, al margen de nuestra cama”.
Entre las mujeres que aseguran contar con una vida sexual plena, existe una fantasía que siempre se repite en ellas, asegura Blanco. Se trata del sexo en grupo. “Cuando hablamos de más de dos, luego le subimos al trío y después doblamos la apuesta, hablamos respectivamente de gente que está satisfecha, muy satisfecha y plenamente satisfecha con su vida sexual”.
Los concurridos pisos orgiásticos

La autora Celia Blanco.
Con dos tacones promete escandalizar, pero no tanto a las mujeres, las verdaderas protagonistas de los testimonios que Blanco convierte en cuentos, sino a los hombres. “A juzgar por lo que me han dicho los lectores, algunos de estos cuentos gustan especialmente a los hombres”, a la par que escandalizan, reconoce la autora. Sin embargo, en la escritura de Blanco no tiene adornos forzados más allá de la naturalidad, la honestidad y el placer. Quizá sea porque, como ella misma explica, “es un tema que puedo mirar de frente por mi experiencia sexual. No me escandaliza”.
La escandalera provocada por cuestiones sexuales no parece formar parte de la mentalidad de Blanco ni del creciente número de personas que, cada vez más, se apuntan a la moda de los pisos orgiásticos o, como prefieren llamarlos sus usuarios, encuentros sexuales. “Son reuniones fantásticas y adorables en pisos a los que sólo puedes entrar con una invitación muy férrea. Allí puedes tener relaciones con quien quieras, donde quieras y como quieras”.
Al fin y al cabo, insiste Blanco, el placer es algo personal e intransferible. Cada uno tiene sus gustos y fantasías, que le puede gustar llevar a cabo o no. Eso sí, para disfrutar al máximo del sexo es fundamental la desinhibición y, sobre todo, la honestidad. “Si somos honestos con nosotros mismos podremos disfrutar más porque sabremos qué es lo que realmente nos apetece. Podrás decirte a la cara cómo quieres que te besen, te acaricien, te aten, muerdan o lleven a ese lugar fantástico al que todos vamos cuando tenemos enfrente a la persona con la que mejor nos lo vamos a pasar en las próximas horas”.    

LOS NIÑOS DEL CATÓN
























24 FOTOS ANTIGUAS NUNCA VISTAS

 Alfred Hitchcock sirviendole el te a Leo el león de la MGM 1957
 Foto real de los pasajeros abandonando el Titanic, mientras un sacerdote reza por
las primera víctimas apiladas en un costado.
El primer vuelo en avión de la historia. Orville Wright
voló durante 9 minutos y 45 segundos en 1911.
 Liga de la Mujeres Alemanas bailando en Nuremberg. 1938.
 Mohamed Alí  versus Cleveland  Williams, 1966.
 Una mujer condenada a morir de hambre, Mongolia, 1913.
 Última foto  conocida de  Samurai en Japón, para ese entonces la mayoría ya se había cortado el pelo,                                                                                    1868.
 Vikki The Back Dougan. 1957. Ella fue la inspiración
para crear el personaje de Jessica Rabbit.
 El casamiento de Mr. Stephen Hawking, 1965.
 Bomba atómica de Nagasaki,
transportada hacia el avión que la lanzaría días después. 1945.
 Ejecución de prisioneros polacos
por los alemanes. 1942.
 Nativos transportan un Rolls Royce en Nepal, 1950.
 Un policía de Londres les
dice como llegar a una
dirección a mujeres de
Burma, 1935.
 Soldados nazis muertos luego de
la Batalla de Stalingrado, 1943.
 Increíble foto de Mark Twain en el
laboratorio de Nicola Tesla. 1894.
 USA lanzando bombas sobre
Kobe, Japón, 1945.
 Casamiento de Goebbels, atrás con sombrero se lo
puede ver a Hitler. Fue su padrino de bodas, 1931.
 Samurai real, 1859.
 Nueve reyes de Europa en
el castillo de Windsor,
1910.
 Pirámide hecha con los cascos
capturados a los alemanes en la
Primera Guerra Mundial, Nueva York,
1918.
 Mercado de esclavos, 1868.
 Última foto de Lenin con vida,
para ese entonces,
completamente mudo. 1923.
 Salvador Dalí y Raquel Welch, 1965.

El falso documental del 23-F de Évole revoluciona la red

Un moemento del documental
Estupor, incredulidad, tuits vehementes predispuestos a creerse una más, y las que van, una teoría de la conspiración sobre el 23-F que implicaba a las altas esferas del Estado... A partir de las 21:30 horas a los tuiteros les quemaban los dedos tecleando en sus «smartphones» y tablets sobre el «Especial 23-F ''Operación Palace''» que emitía laSexta, del que tanto había hablado sin decir nada Jordi Évole. Según los datos que difundía Tuitele al inicio del programa, el «share social» era del 47,72 por ciento con 24.516 espectadores. #OperacionPalace era «trending topic», tanto nacional como mundial, gracias a los más de 256.000 menciones recibidas en ese hashtag. Logró picos del 73.22% de «share social», lo que corresponde a 130.000 comentarios y 112.000 espectadores sociales... y subiendo. Algunos, muchos, se estaban «retratando» oyendo justamente lo que querían oir. Incluso había quien se ponía estupendo citando para avalar lo que se estaba diciendo en el falso documental «Anatomía de un instante», el libro sobre el golpe de Estado firmado por Javier Cercas. Una de las más entusiastas ante lo que estaba viendo era Beatriz Talegón, la Secretaria General de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas. «Chan Chan Chan: ahora viene lo bueno! os lo dije! Leerlos Soberanos e Intervenidos de Joan G. Garcés! (Lo de Garci no lo cuenta...)», «todo el mundo estaba pringado! Estamos de risa nerviosa viendo #OperacionPalace», escribía. Una hora después tuiteaba: «Reconozco mi error. Me la han colado. Aún creía en algunos profesionales. Lo lamento».
Mientras, Jordi Évole salía en pantalla diciendo lo que sólo algunos intuían: que estaban viendo un falso documental. En la página web de la cadena de Atresmedia, abundaba en sus argumentos del por qué de este especial 23-F: «En este momento habrá espectadores que estarán contentos con lo que han visto porque se lo han pasado bien y otros que se sientan engañados y me querrán matar. A los primeros les quiero decir gracias por jugar con nosotros y a los segundos que la próxima vez lo intentaremos hacer mejor». El ardid se había consumado con la complicidad de una nómina de políticos, cineastas y periodistas que intervinieron en el programa. Entre ellos, el académico de la Real Academía Española, y, en 1981, presidente de la Agencia EFE, Luis María Anson; Iñaki Gabilondo, director de los informativos de TVE en aquella fecha; Fernando Ónega, que le escribía los discursos a Adolfo Suárez y políticos como Joaquín Leguina, catedráticos de historia, agentes de la CIA... Todos iban desgranando como el 23-F se coció a fuego lento el 2 de enero de 1981 en una habitación del hotel Palace. En la reunión, convocada por el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, estaban todos los líderes del resto de los partidos políticos, Sabino Fernández Campos, el jefe de la Casa del Rey y miembros del CESID. La situación política era tan crítica que había que escenificar un golpe de Estado para neutralizar los que se estaba pergeñando en algunos cuarteles.
La maquinaría se ponía en marcha. El 23-F tendría que haber pleno en el Congreso de los Diputados, uno vital del que estuviera pendiente toda la opinión pública: y qué mejor que la votación de un nuevo presidente del Gobierno tras la dimisión de Suárez. El resto había que guionizarlo y rodarlo y para ello se eligió a José Luis Garci... Ni siquiera en esos momentos la mayoría de los tuiteros se sorprendieron por el director de cine de consenso elegido. El documental seguía su desarrollo al tiempo que los comentarios se sucedían en internet. Ya algunos empezaban a escribir el nombre de dos maestros del cine: Orson Welles y Stanley Kubrick. Y citaban dos de sus atrevimientos creativos por los que ganaron el olimpo del séptimo arte: «La guerra de los mundos» y «Operación luna».
Efecto dominó
Ésas fueron las fuentes audiovisuales en las que se inspiraron Évole y su equipo –en un programa que evitaron, porque no tenía nada que ver ni en su factura técnica ni en su contenido con «Salvados», entre otras cosas porque el periodista y guionista no salía en pantalla– para montar «Especial 23-F ''Operación Palace''.
El efecto dominó seguía. A las 00:33 horas, seis de los diez «trending topic» nacionales eran los «hashtag» #OperacionPalace, #23F, #Évole, #OrsonWelles, #Garci y #Tejero. Pero aún había más: Welles y Kubrick –siempre fueron tan innovadores que hasta cierto punto era un guiño del destino– también empezaron a ser nombres propios en Twitter y no sólo entre las páginas de los más cinéfilos. Espontáneos empezaban a rastrear en YouTube «Operación Luna» para colgarla en sus cuentas e incluso recuperaban fragmentos de la película «Network, un mundo implacable», de Sidney Lumet que aborda descarnadamente el mundo del periodismo. ¿Una de las conclusiones a vuela pluma de la noche? Fue el día en que muchos aprendieron a borrar sus comentarios en Twitter después de que se la hubiesen colado.