CORONA BRITÁNICA
domingo, 15 de enero de 2012
El último deseo de un monstruo de feria
Médicos británicos piden que se cumpla la última voluntad del 'gigante irlandés', que vivió como atracción de museo en el siglo XVIII, de ser arrojado al mar tras su muerte. El esqueleto de Charles Byrne sigue siendo analizado por los científicos
Charles Byrne (1761-1783), conocido como el gigante irlandés, era tan alto que encendía los cigarros en las lámparas de la calle. Su estatura exacta es objeto de conjetura, aunque 2,31 metros parece la cifra más rigurosa. Después de una durísima vida como monstruo de feria, su historia dice que pagó a varios compinches para que, a su muerte, tirasen su cuerpo en el mar. Pero su esqueleto aún se expone al público en el museo del Colegio de Cirujanos de Londres, donde aseguran que el estudio de su ADN ha sido fundamental para conocer la acromegalia o gigantismo, una alteración de la glándula pituitaria, que secreta una producción indiscriminada de la hormona del crecimiento.
En las últimas semanas, un grupo de académicos británicos, a través de la revista British Medical Journal, ha pedido que se cumplan los deseos de Charles Byrne de que su esqueleto (lo único que queda del cuerpo) descanse en el mar de Irlanda. La osamenta se alza armoniosamente urdida e inmaculadamente conservada junto al armazón óseo de un tal señor Jeffs, con quien comparte vitrina en el museo de los cirujanos. Jeffs es de talla media y padeció otra dolencia ósea poco corriente. Charles Byrne llegó al Colegio de Cirujanos como parte de la colección del anatomista escocés John Hunter (1728-1793). Establecido en Londres, el pionero cirujano reunió la mayor colección de piezas anatómicas de aquel momento.
Byrne medía 2,31 metros y trabajaba en el museo de bestias humanas'
Byrne había nacido en un pueblo de Tyrone (hoy, Irlanda del Norte) y creció de forma desmesurada. Su salud era frágil, y a los 21 años llegó a Londres a hacer fortuna exhibiéndose como monstruo de feria en el museo Cox, de bestias humanas. Los periódicos se hicieron eco de su presencia y, seguramente, John Hunter le echó el ojo como objeto de interés anatómico. En Londres, el irlandés se hacía llamar O'Brien, sucumbió al alcoholismo y su vida se extinguió al año siguiente, con 22 años de edad. John Hunter adquirió su cuerpo por 130 libras (150 euros), una considerable suma en aquel momento, después de tramar un complot para sobornar a los que iban a enterrarlo al mar. Hirvió el cadáver durante horas para quedarse con el esqueleto pelado.
En 1891, el científico Daniel Cunningham estudió la osamenta de Byrne y llegó a la conclusión de que era víctima de acromegalia. En 1909, el neurólogo estadounidense Harvey Cushing examinó la calavera de Byrne detectando que la fosa pituitaria en la que se encontraba la glándula que secretaba las hormonas era de un enorme tamaño y contenía un tumor, causa de la enfermedad. Esta secreción disparada de hormonas produce un crecimiento óseo que en los jóvenes tiende a hacer los huesos largos y en los adultos, anchos. La desproporción de las mandíbulas u otros huesos es uno más de los efectos de esta anomalía corporal.
Sam Alberti, director del museo Hunterian del Colegio de Cirujanos, es tajante en el tema de deshacerse del esqueleto. "El supuesto deseo de Charles Byrne de enterrarse en el mar carece de pruebas escritas o contundentes que demuestren que así fue, no hay ningún testamento ni documentación explícita que lo constate, al margen de los repetidos rumores", asegura Alberti, quien, añade: "Guardaremos el esqueleto mientras sea de beneficio clínico para la investigación médica". El armazón óseo del gigante irlandés tiene numerosas solicitudes para ser estudiado anualmente. Alberti manifiesta que el criterio para autorizar el examen del esqueleto se basa en que "el solicitante sea una institución autorizada como un hospital o una universidad, y que el objetivo de la investigación beneficie a los pacientes o al público".
Murió a los 22 años alcoholizado, un año después de llegar a Londres
"Si alguien nos pide desmantelar un brazo del esqueleto, seguramente, no lo permitiremos porque para el análisis de ADN es suficiente con una minúscula fracción. Como curiosidad o con fines comerciales tampoco permitimos el uso de los restos humanos", explica el director del museo que custodia los restos. El año pasado se extrajeron dos dientes de Charles Byrne para ser estudiados en un laboratorio alemán como parte de la investigación dirigida por la profesora de endocrinología de la Universidad de Londres, Marta Korbonits, doctora en el Hospital San Bartolomé de la capital inglesa.
Una decisión moral
El estadounidense Len Doyal, profesor de Medicina Ética de la Universidad de Londres, y Thomas Muinzer, abogado de la Universidad de Belfast, encabezan la campaña para enterrar los restos del gigante irlandés al mar. "Lo hecho no se puede deshacer, pero moralmente puede corregirse. Ya es hora de que se respeten los deseos de Charles Byrne", dice Doyal. Según su opinión, ya se han tomado suficientes pruebas de ADN de los huesos y, por lo tanto, ya no tiene utilidad científica.
Un anatomista compró su cuerpo tras un soborno
Marta Korbonits ha estudiado la acromegalia, detectando en el sur de Irlanda del Norte, donde nació Charles Byrne, más casos que en otras zonas geográficas. La media apunta a que una de cada 10.000 personas está afectada por algún tipo de crecimiento óseo desmesurado. En ese lugar nació también hace 59 años Brendan Holland, un hombre con excelente sentido del humor que atiende con amabilidad la llamada para hablar de su gigantismo.
"Mi desarreglo no me ha impedido llevar una vida normal aunque, temporalmente, cuando tuve el primer diagnóstico, a los 20 años, la afección ocupaba permanentemente mis pensamientos. A los 23 años empezaron a tratarme en Londres y allí conocían mejor la enfermedad, me operaron del tumor y desde entonces tomo medicamentos", explica Brendan con naturalidad. El otro gigante irlandés añade: "Durante un tiempo me preguntaba por qué yo, pero ahora la enfermedad es parte de mí y nos aceptamos mutuamente".
Brendan se ha convertido en un experto conocedor del adenoma de hipófisis aislado familiar (AIP), otra forma de llamar a su dolencia. "El gen que llevamos es como todos los genes, puede desaparecer en varias generaciones y resurgir al cabo de los años. En mi familia no hay historia oral ni referencia de ningún afectado. En cambio, el otro día visité en Dublín a una afectada de 62 años que sí sabía que uno de sus antepasados era gigante", farfulla Brendan, de 2,06 metros de altura, añadiendo que "con los avances de la genética, actualmente se puede comprobar si se lleva el gen".
"Ya es hora de que se respeten sus deseos", dice un médico
El caso de los gigantes irlandeses ha sido llevado a la televisión en un documental del director Ronan McCloskey, también del condado de Tyrone, quien tercia en la polémica del esqueleto. Él opina, como Brendan Holland, que los restos significan una fuente de información para la ciencia. "Si Charles Byrne hubiese imaginado la importancia de sus huesos, estoy seguro de que los dejaría donde están".
Cata de aceite de oliva en Jaén: ¿por qué nos tienen engañados?
Estoy pasando unos días en Jaén, una provincia de interior que tiene un mar, pero de olivos.
En Jaén todo huele a aceite. La carretera que baja desde la meseta castellana cruza el puerto de Despeñaperros y nada más entrar en Andalucía se sumerge en ese mar verde-plata de oliveras que tapiza las suaves ondulaciones de la campiña jienense, como si a la tierra le hubieran ajustado una maillot de arlequín.
60 millones de olivos son muchos olivos. El hombre ha alterado y modificado el paisaje de tal manera que hay olivos por todos lados, desde lo alto de los cerros hasta el fondo de las cárcavas. Cualquier resquicio de terreno es válido en Jaén para plantar uno de los árboles más rentable, bellos y literarios del Mediterráneo. De Jaén sale el 25% de la producción mundial de aceite de oliva.
No es de extrañar que lo primero que me ofrecieran fuera una cata de aceites. Para mi sorpresa descubrí que, como el 99% del resto de mortales legos en esta materia, vivía engañado. ¿Por qué? Os cuento en tres líneas cómo elegir un buen aceite para que nunca más os den gato por liebre:
La calidad de un aceite depende de muchas cosas, pero sobre todo delmomento en que se recoge la aceituna y de lo dañada que llega a la almazara.
Así que de la centrifugadora (ya no se usan prensas) salen tres tipos de aceite:
Aceite de oliva lampante: el de peor calidad, hecho con aceituna muy madura y dañada. Huele fuerte y rancio y tiene más de 2 grados de acidez. No es apto para el consumo humano
Aceite de oliva virgen: la primera calidad apta para el consumo. Un aceite con buenas cualidad organolépticas y sin mezclas.
Aceite de oliva virgen extra: el de mejor calidad, hecho con aceitunas recogidas los primeros días de cosecha y que no han empezado a fermentar antes de llegar a la almazara. Tiene la mejor cata: huele a puro fruto, a oliva.
Bien, pues el lampante se lleva a las refinerías donde a base de muchosproductos químicos y mucho tratamiento físico se le eliminan las impurezas, pero también lo poco que tenía de sabor y color. El resultado es un líquido parduzco, inodoro e insípido que recuerda poco al aceite.
A ese refinado se la añade luego una pequeña porción de aceite virgen (no más del 20%) y se obtiene el aceite de oliva 1º (un grado) que nos venden en las tiendas como oro líquido, aunque en realidad lleva más química que aceite u oro. Si se le añade un poco más tenemos el aceite de oliva 0,4 grados. Es el aceite más vendido en España, pero ningún fabricante aclara que viene de un refino ni en qué proporción lo mezcla con el virgen.Ahora les han cambiado la denominación, para liarlo todo más, y lo que antes eran 0,4º y 1º les llaman suave e intenso. Mismo perro con distinto collar.
Por en medio caben todo tipo de experimentos, añadiéndoles aceites de semillas y cualquier cosa permitida por ley que estabilice y dé color a "eso". No hay más que ver las garrafas de supuesto aceite de algunos restaurantes, con un color y una densidad más próximas al detergente que al zumo de la aceituna. Para echarse a temblar.
En Jaén a nadie se le ocurre usar aceite de oliva a secas (en realidad debería de llamarse aceite REFINADO de oliva). Usan el aceite de oliva virgen o el aceite de oliva virgen extra. Incluso para freír.
Y a mí, a partir de ahora, tampoco se me ocurrirá.
PD: las catas de aceite se hacen en vasos opacos porque el color no es determinante. Estos están puestos en vasos de vino para que se aprecie el color en la foto. El virgen extra es el de la izquierda; el lampante, el de la derecha.
“¡No hay manera de acabar con este resfriado!”
Uno de cada tres españoles reconoce sufrir afecciones de garganta durante el año, sobre todo en esta época. ¿El motivo? Los cambios bruscos de temperatura que ocasionan daños a la garganta y las cuerdas vocales favoreciendo infecciones y afonías.
Un 12 por ciento de la población reconoce haberse automedicado con antibióticos en el último año para combatir el resfriado. Los expertos advierten de que esta no es la manera de combatir los virus de garganta. Hay remedios más eficaces, como la miel.
El tratamiento habitual de gripes y resfriados, según una encuesta realizada por el Centro de Investigación de Fitoterapia (INFITO) entre 2.000 personas, son los analgésicos y antiinflamatorios; seguidos por productos de las abejas, como el própolis y la miel.
De hecho, 6 de cada 10 españoles confía en estas sustancias naturales para prevenir el resfriado.
"Los antibióticos no sirven para tratar virus como los de la gripe y el resfriado", advierte el Dr. Primitivo Ortega, presidente de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL).
"Son solo eficaces cuando se trata de infecciones bacterianas, que representan un porcentaje muy pequeño del total", añade.
En su opinión, "es preferible utilizar própolis ante la presencia de determinados virus, como los de la gripe o el resfriado, que a menudo se manifiestan en esta época en forma de faringitis".
Qué es el própolis
Es una sustancia elaborada por las abejas a partir de productos de origen vegetal para proteger sus colmenas y que actúa como antiséptico, antiviral y antiinflamatorio, por lo que está indicado para prevenir y tratar procesos infecciosos relacionados con las vías respiratorios.
Para ejercer sus propiedades medicinales, ha de ser controlado y conservado adecuadamente pues su composición puede variar según su origen y durante el proceso de almacenamiento.
"La utilización de preparados farmacéuticos en forma de cápsulas o jarabe, no solo garantiza su calidad sino que proporciona una forma ideal para una correcta administración, siguiendo las recomendaciones del farmacéutico tal como vienen indicadas en el prospecto que acompaña al preparado", explica Teresa Ortega, profesora de Farmacología de la Universidad Complutense y vicepresidenta de INFITO.
[Relacioando: Seis síntomas que ellos no deben ignorar]
Propiedades antisépticas
Un estudio publicado este mes por la Universidad de Ohio (EE UU) en la revista 'Frontiers in Bioscience' confirma, entre otros efectos beneficiosos del própolis, sus propiedades antioxidantes.
En concreto, destaca que "este producto elaborado por las abejas, contiene hasta 300 componentes naturales y muestra una gran variedad de propiedades biológicas y farmacológicas como antimicrobiano, antioxidante, antiinflamatorio, inmunomodulador, antitumoral, anticanceroso, antiulceroso, hepatoprotector, cardioprotector y neuroprotector".
El própolis se emplea, además, para cuidar las cuerdas vocales, ya que protege esta parte de la garganta de infecciones y de los daños ocasionados por el frío. "Se trata de un producto muy utilizado por los profesionales que usan la voz como herramienta de trabajo, como profesores, locutores o cantantes", según la logofoniatra Marta Pinillos.
¿Conocías el propólis y otras sustancias similares como la equinácea? ¿Has usado alguna vez estos preparados para potenciar las defensas del organismo y combatir los virus?
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