domingo, 22 de mayo de 2011

FOTOS VARIAS
























































EN MEDICINA INCREIBLE

ALGUNOS CHISTES

 


 BAILAMOS MI NEGRA?
Comenzó la música, y un borracho que estaba sentado vio a una señora de negro que estaba sentada al frente suyo. 
Tambaleante se aproximó y le dijo: 
Hic!. . . . Hola mi negra ¿me da el placer de este baile? 
No! 
Hic!. . . ¿Y por qué no? 
La negra contestó: Sencillamente NO por cuatro motivos: 
Primero , porque usted está borracho.
Segundo , porque esto es un velorio.
Tercero , porque el Ave María no se baila
Y cuarto , porque 'mi negra' será tu puta madre,  YO SOY EL CURA ! ! ! ! !
 
 
Un hombre estaba sentado tranquilo, leyendo el periódico, cuando su
mujer, furiosa, llega de la cocina y le salpica una hostia con una
sartén que casi le revienta la cabeza.
- ¡Por Dios!  ¿Pero, qué coño te pasa?
- ¡¡¡Es por el papelito que encontré en el bolsillo de tu pantalón,
cabrón, con el nombre de "Marylou" y un número!!!
- Joder, cariño... ¿te acuerdas del día que fui a los caballos? Pues
Marylou era el caballo al que aposté, y el número es cuánto estaban
pagando por la apuesta.
Satisfecha, la mujer se retiró pidiéndole disculpas.
Días después, estaba él nuevamente sentado tranquilo, cuando recibe
otra soberana hostia, pero esta vez con la olla a presión.
Aturdido y cabreado le dice:
- ¡¡¡¡¡¡COJONES, pero se puede saber qué coño te pasa¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
- Nada, cariño. Tu caballo al teléfono.



CATALANES 
Era un catalán tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño… que estaba soñando que se tomaba un café y se despertó para no pagarlo. 

        …//…
        
Y era otro catalán tan tacaño tan tacaño, tan tacaño… que veía la misa por la televisión, y cuando pasaban la canastilla hacía zaping. 


UNOS CORTITOS
DE MÉDICOS

        - ¿Desde cuando tiene usted la obsesión de que es un perro?
        - Desde cachorro, doctor.  
        …//…
       
        - Doctor, tengo complejo de fea.
        - De complejo nada.
       
        …//…
       
        - Doctor, me tiemblan mucho las manos.
        - ¿No será que bebe demasiado alcohol?
        - ¡¡Que va, si lo derramo casi todo!!
       
        …//…
       
        - Doctor, ¿Cómo ha salido la operación?
        - Hijo mío, yo no soy el doctor. Soy San Pedro.
       
        …//…
        
        -   Doctor, ¿qué puedo hacer para que durante las vacaciones mi mujer no quede embarazada?

        -   Llévesela con usted.

        …//…
        
        -   Fui al médico y me ha quitado el whisky, el tabaco y las drogas.

        -   Pero… ¿vienes del médico o de la aduana?

        …//…
        
        -   No sé que me pasa, doctor, me toco la cabeza y me duele, me toco la nariz y me duele, me toco el pie y me duele. ¿Qué tengo?

        - El dedo fracturado...


        …//…
        
        - Doctor, quiero que recomiende algo para que mi marido vuelva a estar como un toro.

        - Bien, desnúdese. Empezaremos por los cuernos.


        ...//... 

        Un anciano de 95 años llega al médico para su chequeo de rutina.

        El doctor le pregunta cómo se siente.

        - Nunca estuve mejor -le  responde-. Mi novia tiene 25 años. Ahora está embarazada y vamos a tener un hijo.

        El doctor piensa por un momento y dice:

        - Permítame contarle una  historia: “Un cazador que nunca se perdía la temporada de caza salio un día tan apurado de su hogar que se confundió tomando el paraguas en vez del rifle. Cuando llegó al bosque se le apareció un gran oso. El cazador levantó el paraguas, apuntó al oso, disparó y el oso cayó fulminado”.

        - Imposible -exclama el anciano-. Alguien más debió haber disparado.

        - A ese punto quería yo llegar –respondió el médico-.

        EL PILOTO Y LA AZAFATA
       
        - Estimados pasajeros: Bienvenidos a bordo, les habla el Capitán Galdós del vuelo 888 con destino en Madrid, donde la temperatura es de 18º C. El tiempo estimado de vuelo será de 2 horas y media. Les recordamos que en este vuelo no se puede fumar, que se abrochen el cinturón y bla, bla, bla…

        Terminado el  discurso de bienvenida, el piloto olvida desconectar el altavoz y dirigiéndose a su copiloto dice:

        - Apenas ponga el piloto automático, me hago una cagadita y luego le hecho un polvo a la azafata !!!

        Todo el mundo escucha el comentario, y la azafata se lanza como un trueno a la cabina para avisar al Capitán Galdós que desconecte el altavoz, cuando... de pronto, una viejita que se encontraba en un asiento delantero del pasillo, le mete un tremendo bastonazo, tumbándola en el suelo.

        Desconcertada la azafata mira a la viejita y ésta le dice:

        - ¡¡¡Quieta, puta desesperada!!!. Primero déjalo que cague!!!


        LA VELA

        La Sra. Donovan caminaba por la calle O'Connell de Dublin cuando se cruzó con el padre Rafferty.

        El padre le dijo:

        - Muy buenos días, ¿no es usted la Sra. Donovan a quien casé hace dos años?.

        - Efectivamente padre, soy yo.

        - ¿Y no han tenido niños aún?.

        - No padre, aún no.

        - Bueno, la semana próxima viajo a Roma, así que, si quiere, encenderé una vela por usted y su esposo.

        - ¡Oh padre, muchas gracias, le estaremos muy agradecidos!!

        Y ambos siguieron su camino.

        Años más tarde se encontraron nuevamente.

        El sacerdote preguntó:

        - Sra. Donovan, ¿como se encuentra usted ahora?.

        - Muy bien, padre..

        - Y dígame, ¿han tenido niños ya?

        - ¡¡Oh si, padre, 3 pares de mellizos y 4 criaturas más!!.. 10 en total !!!.

        - ¡Bendito sea el Señor!. ¡Qué maravilla! ¿Y dónde está su amante esposo?.

        - Camino de Roma, a ver si puede apagar la puta vela. 

 

 

RELATOS DE TERROR

                       La señora

 Mandujano quería sostener encuentros eróticos con Esther, así que empezó a cortejarla, cuidándose de cuidar sus verdaderas intenciones. Ella, varios años más joven que él, le siguió la corriente al principio, pero después evidenció su afán de quitárselo de encima. Entretanto, Mandujano no escatimaba para la compra de flores, chocolates y algunas otras bagatelas, lo único que podía pagar con su magro sueldo. Su máximo logro fue recibir permiso para visitar a Esther en su departamento, que compartía con su vieja madre (el padre vivía con otra desde hacía años), una señora un tanto malencarada que nunca vio con buenos ojos al pretendiente.
Mandujano encontraba imposible estrechar la distancia que lo separaba de Esther, pues la vigilancia de la madre era constante. Mientras ellos departían (intercambiaban trivialidades) en la sala, la mujer, sentada a unos metros de distancia, fingía jugar solitario en la mesa del comedor, a la par fumando y bebiendo jerez. Mandujano la miraba de refilón con odio. Finalmente, llegaba la hora de partir y las puertas de aquel lugar quedaban cerradas para el frustrado conquistador.
Llegó a tal punto la obsesión de Mandujano, que perdió la serenidad y en sus frases dizque galantes metió cantidad de alusiones a prácticas carnales, que sonrojaron y enojaron a Esther. Eran dichas en voz baja para que la madre no las oyera, pero en cierta ocasión fueron repetidas a todo pulmón por la chica, lo que ocasionó una disputa que estuvo cerca de merecer la intervención policial. Más asustado que airado, Mandujano se marchó con la orden de no volver nunca más.
Cayó en depresión, se entregó a la bebida, lo despidieron del trabajo por faltista. Gracias a conocidos comunes supo que Esther seguía sin novio y que su madre había estado con problemas de salud derivados del tabaquismo. Mandujano llamó a aquélla cientos de veces y jamás obtuvo respuesta, de modo que, una vez cumplidos tres meses de sobriedad, decidió presentarse personalmente en casa de Esther y rogarle perdón. Se trajeó lo mejor que pudo, se presentó ante la puerta del edificio, resignado a no ser admitido; sin embargo, luego del primer timbrazo oyó que la madre preguntaba “¿Quién?” y, con voz cascada, respondió; para su sorpresa, la puerta se abrió.
Casi corriendo, Mandujano evadió el elevador y subió cuatro tramos de escalera; ante la puerta de Esther se acicaló un poco y tocó un nuevo timbre. Media hora después, Esther volvió de una reunión con amigas y respingó al ver a su, para ella, ex pretendiente. Mandujano se levantó de un salto del sillón y aclaró que “la señora” lo había dejado entrar. Con el rostro enrojecido y lágrimas en las mejillas, Esther le reprochó que se burlara de ella en tales momentos, y enseguida corrió al teléfono para llamar a la policía. Creía firmemente que el visitante había forzado la entrada y se disponía a abusar de ella. Mandujano, nada listo para meterse en problemas gratuitamente, revisó las dos habitaciones del departamento en pos de la señora y las encontró vacías. También invadió la cocina y el baño, con idéntica suerte. “No es posible”, pensó, seguro de que la señora le había abierto y le había pedido que esperara a Esther en la sala, mientras ella “descansaba” en su cuarto.
Esther había salido corriendo del edificio, recibió a los policías y, mientras les contaba lo ocurrido, Mandujano salió con cara de susto e incredulidad. Lo sujetaron por los brazos, le recomendaron que no hiciera escándalo y, con algo de violencia, lo empujaron dentro de una patrulla. Oyó que, a sus espaldas, Esther le gritaba que su madre había muerto hacía mes y medio, de un infarto. Era cierto.
Nadie creyó la versión de Mandujano y lo mandaron un rato al reclusorio, del que salió porque Esther, aconsejada por su confesor, otorgó el perdón con la condición de que el indiciado no volviera a acercársele. Mandujano accedió de buen grado. En el futuro, otra vez dado a la bebida, vagaría cerca del edificio aquel, mirándolo con recelo y suspirando por Esther.