miércoles, 29 de octubre de 2014

El niño que no quiere comer ni beber desde hace un año


Ni hamburguesas, ni pizzas, ni helados ni chucherías. Los padres de Landon Jones lo han intentado todo, pero Landon Jones, de 11 años, no consigue recuperar las ganas de comer. Esta es la situación que vive desde haca un año la familia de Landon, que sufre una misteriosa enfermedad que le ha hecho perder más de 15 kilos.
Landon se despertó en la mañana del 14 de octubre del año pasado con mareos y una congestión muy fuerte en el pecho, que le llegó a provocar un desmayo. En ese momento lo trasladaron a un hospital de Iowa, donde le diagnosticaron una infección bacteriana en el pulmón izquierdo que fue tratada con éxito. Sin embargo, Landon perdió el apetito y las ganas de beber.
Durante el año pasado, Landon y su familia visitaron médicos en cinco ciudades: desde su pediatra local en Waterloo, Iowa, a la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota. Al niño le han hecho un sinfín de pruebas, incluyendo una punción lumbar, escáneres cerebrales e, incluso una evaluación psiquiátrica. Pero nada, ni problemas digestivos ni trastornos de la alimentación ni problemas en los demás órganos. No hay diagnóstico para Landon, un caso que ha desconcertado a la comunidad científica norteamericana.
Mientras tanto, sus padres no paran de insistir e incluso engañar a su hijo para que coma y beba. El menor ha perdido 15 kilos en este tiempo y su familia teme por su vida. Su estado físico es cada vez más débil y ha tenido que renunciar a muchas de sus aficiones, como tocar el trombón, actividad que le provoca mareos. Tampoco puede asistir a la escuela con normalidad.
La única opción que barajan los médicos es colocarle un tubo para que el alimento le llegue directamente al estómago. A medida que continúan su trabajo de investigación, los médicos estudian la posibilidad de que se trate de una disfunción hipotalámica rara. El hipotálamo es un área del cerebro que es aproximadamente del tamaño de un guisante y controla una serie de funciones, entre ellas el hambre y la sed, además de la presión arterial y el sueño. También se ha asociado a la glándula pituitaria, que es parcialmente responsable de la respuesta del cuerpo al estrés. Algunas causas de la disfunción hipotalámica pueden incluir la malnutrición, infecciones, trastornos genéticos, lesiones cerebrales y tumores. Esta hipótesis surgió después de analizar su expediente médico y observar que hace tres años comenzó a tener crisis de ausencia, en las que se quedaba con la mirada perdida, aunque volvía enseguida a su estado natural.

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